Detrás de cada malla antiinsectos y cubierta textil hay un equipo pequeño que prueba los materiales en huertos reales antes de ofrecerlos. Esta página cuenta quiénes somos, qué nos importa y cómo nació la idea de proteger cultivos de traspatio sin depender de químicos.
Nuestra historia
PestFree Cover nació en Hermosillo cuando notamos que las heladas y los pájaros acababan con lo que sembrábamos en casa. Empezamos cubriendo camas elevadas con telas que encontrábamos en ferreterías, hasta que diseñamos nuestros propios materiales con bordes reforzados y anclajes que resisten el viento del desierto.
2019
Probamos tres tipos de tela sobre lechugas y acelgas durante el invierno. La que mejor mantuvo la temperatura del suelo fue una cubierta de polipropileno con costuras dobles, que hoy sigue siendo la base de nuestro kit inicial.
2021
Un cliente con un invernadero familiar nos pidió una red que bloqueara la mosca blanca sin reducir la ventilación. Desarrollamos una malla de 50×25 hilos que dejaba pasar luz y aire, y redujo el uso de químicos en su parcela.
2023
Ampliamos el catálogo con redes para árboles frutales y lonas a medida para huertos urbanos. Hoy enviamos kits completos con anclajes y bordes reforzados a todo Sonora, y seguimos probando cada material en nuestro propio patio.
En las temporadas de prueba, las cubiertas textiles redujeron las pérdidas por heladas en un 70% en camas elevadas de tomate y chile. Las mallas antiinsectos evitaron el ingreso de pulgones en cultivos de brócoli sin necesidad de fumigación. Y las redes antipájaros protegieron cosechas completas de granada y níspero en huertos de traspatio.
Cada ajuste de diseño —desde el grosor de la costura hasta la separación de los anclajes— surgió de conversaciones con horticultores locales. Seguimos midiendo temperatura, humedad y durabilidad para que cada producto funcione en condiciones reales, no solo en papel.
Nuestra trayectoria
Lo que empezó como una necesidad de proteger nuestros propios tomates y árboles frutales se convirtió en un catálogo completo de cubiertas textiles, mallas y redes. Cada etapa nos enseñó algo sobre los materiales, el clima y lo que realmente necesitan las plantas.
2018
Diseñamos una lona textil con bordes reforzados para proteger lechugas y espinacas de las heladas de enero. La instalamos en cuatro camas elevadas de 1.2 metros y medimos la temperatura del suelo durante tres semanas. Los resultados nos convencieron de que el material podía funcionar para más cultivos.
2020
Un cliente con un invernadero familiar de 20 metros cuadrados nos pidió una malla que frenara la mosca blanca sin bloquear la ventilación. Probamos tres densidades de tejido y ajustamos el sistema de anclajes para que resistiera el viento del verano. Esa experiencia definió nuestro proceso de tamaños personalizados.
2022
Ampliamos el catálogo con redes para proteger cerezos y manzanos. El reto fue diseñar un sistema de tensores que no dañara la corteza y permitiera revisar la fruta sin desmontar todo. Probamos la instalación en cinco árboles de distintas alturas y publicamos la guía que hoy usamos con cada pedido.
2023
Los clientes nos pedían que el anclaje, los bordes y las guías vinieran juntos. Armamos kits para camas elevadas, arcos de invernadero y árboles frutales, con instrucciones paso a paso. Las pruebas en huertos urbanos de Hermosillo confirmaron que la instalación se reducía a menos de una hora.
2024
Consolidamos nuestra línea de productos para jardinería ecológica. Hoy cada cubierta, malla y red se diseña con el mismo objetivo: mantener la temperatura del suelo, bloquear plagas y alargar la temporada de cultivo sin depender de pesticidas. Seguimos midiendo resultados en huertos reales antes de lanzar cualquier novedad.